Alicia en su
blog nos cuenta su último viaje a Dajla. “
Aquí nunca abandonamos a nuestros mayores…
Leyéndola he recordado un día de verano del año 2006. Estábamos en la sala de espera del consultorio de pediatría del hospital San Joan de Déu, en Barcelona. La sala estaba llena de críos. Dio la casualidad de que había varias niñas chinas con sus padres españoles. Abdu y Lekbir no les quitaban los ojos de encima. Las miraban y hablaban entre ellos en hassania. Lekbir es muy tímido y no preguntó pero Abdu sí.
-¿Son chinas, Antònia, verdad? ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué, si sus padres son españoles, las niñas son chinas? Las preguntas se sucedían sin darme tiempo a responder.
La verdad es que se lo expliqué lo mejor que pude.
-En la China las familias sólo pueden tener un hijo, si tienen una niña y no un niño, a veces, las abandonan. Entonces hay gente de aquí que las adopta.
-¿Y por qué sólo uno? ¿Las tiran a la basura?
-No, las dejan en unas casas que se llaman orfanatos.
Los niños abrían unos ojos como platos, no podían entender. La cosa no quedó aquí. Al cabo de un rato de conciliábulos, vienen los dos, se plantan delante de nosotros y nos dicen:
- Mira, si no las quieren en China, no pasa nada, los saharauis podemos coger cuatro o cinco en cada haima y ya está.
Unos días después Abdu y Lekbir encontraron una explicación para el abandono de las niñas chinas, para ellos, un enigma incomprensible. Habían estado viendo alguna de estas películas de Kung Fu en la tele: Los chinos no quieren niñas porque les gusta mucho pelear y los niños saben más.
Recuerdo también a una madre acogedora que se quedó viuda. Cuando el niño, Saleh, volvió con ella preguntó por el padre. La mujer le explicó que había muerto. Saleh se fue corriendo a su habitación y estuvo un buen rato llorando. Cuando se calmó le dijo a la madre:
-¿Y ahora tú vas a quedarte sola cuando yo me vaya?
- Sí, claro, respondió.
-¡Ah no! Eso no puede ser, tú vienes conmigo al Sáhara y vivirás con nosotros en nuestra haima.
María, la mujer, me lo contó con una sonrisa y con lágrimas en los ojos.
Hasta pronto.